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Quién era Fernando Villavicencio, asesinado en Ecuador

El candidato presidencial asesinado el miércoles tenía un largo historial en la vida pública de Ecuador, en gran parte como antagonista al poder.

Líder sindical. Periodista de investigación. Legislador. Candidato presidencial. Y ahora, víctima de asesinato.

Fernando Villavicencio, quien fue derribado a tiros el miércoles en un mitin, tenía un largo historial en la vida pública ecuatoriana, en gran parte como antagonista de quienes ocupaban el poder. Destacó como líder sindical en la empresa petrolera estatal, Petroecuador, y luego tuvo un papel clave para dar a conocer un escándalo de corrupción que finalmente condujo a la condena del expresidente Rafael Correa.

Correa, un socialista, lideró al país durante una década hasta 2017, el mandato ininterrumpido más largo de un presidente elegido de manera democrática en Ecuador. Un auge de las materias primas le ayudó a sacar a millones de personas de la pobreza, pero su estilo autoritario y las denuncias de corrupción en su contra dividieron profundamente al país.

Y Villavicencio estuvo “permanentemente en contestación al poder” de Correa, según Caroline Ávila, analista política ecuatoriana.

“Eso le puso en un lugar destacado entre los activistas de los movimientos sociales de Ecuador”, afirmó Mauricio Alarcón Salvador, director del capítulo de Transparencia Internacional en Ecuador.

Durante dos décadas, Villavicencio se dedicó al periodismo de investigación, centrándose en la corrupción en el sector petrolero. “Y eso, entre muchas otras cosas, provocó la rabia, la ira de quienes estaban en el poder”, dijo Alarcón.

Nacido en el seno de una familia pobre que vivía en un pequeño pueblo de la provincia de Chimborazo, en el centro del país, Villavicencio se trasladó a Quito cuando era adolescente para terminar el bachillerato en clases nocturnas, explicó Juan Carlos Calderón, director de la organización de investigación periodística Plan V y compañero de universidad y colaborador periodístico de Villavicencio.

Sus compañeros de clase durante su etapa como estudiante de periodismo en la Universidad Central del Ecuador lo describieron como un apasionado izquierdista y un excelente polemista.

“Yo siempre lo vi como una persona muy valiente, muy potente en todo lo que emprendía”, dijo Calderón. “Realmente nunca dejó de serlo”.

Como periodista, Villavicencio obtuvo documentos sobre un programa de vigilancia gubernamental que envió a WikiLeaks, pero que finalmente publicó por su cuenta. Algunos de sus trabajos le valieron amenazas de muerte y acusaciones que fueron muy criticadas por considerarse que tenían motivaciones políticas.

Trabajó junto al político Clever Jiménez y el activista Carlos Figueroa, quien estaba con Villavicencio en el mitin de campaña en el que le dispararon.

Correa desató “una persecución judicial sin precedentes” contra los tres, y en particular contra Villavicencio, dijo Alarcón, quien actuó como su abogado ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, organismo que les concedió medidas cautelares de protección. La persecución incluyó el allanamiento de sus hogares en Nochebuena y amenazas a sus familias, añadió.

“Creo que eso es una muestra también de que el trabajo de Villavicencio tocaba permanentemente fibras sensibles, fibras vinculadas a relaciones que antes se creían intocables”, dijo.

En 2014, Villavicencio se refugió durante varios meses en la comunidad indígena Sarayaku, en la Amazonía, tras ser condenado a prisión por insultar a Correa. También pasó seis meses escondido en 2017, antes de solicitar asilo político en Perú.

Ahí se reunió con una amiga de sus épocas universitarias en la Universidad Central de Ecuador. No tenía dinero para defenderse de las acusaciones que se le imputaban y se había visto obligado a dejar atrás a sus dos hijos pequeños.

Se sentía “acosado y humillado”, relató la amiga, Grace Jaramillo, quien ahora es politóloga en la Universidad de Columbia Británica.

Pero Correa dejó el cargo posteriormente ese año y Villavicencio volvió a casa. ​​Un tribunal federal lo declaró inocente, y siguió publicando investigaciones sobre corrupción y presentando denuncias ante el fiscal general de Ecuador, muchas de las cuales fueron corroboradas.

A veces fue criticado por mezclar sus funciones de periodista y activista, incluso Calderón discrepó de sus decisiones de presentar denuncias ante el fiscal general.

“Yo siempre consideré que uno es periodista y punto. No es fiscal ni denunciante”, dijo.

Pero dijo que Villavicencio “tenía esta idea de que ser periodista no era suficiente, no era suficiente denunciar. Él consideraba que era importante actuar más allá de eso para que no hubiera impunidad”.

Esa determinación hizo que se dedicara definitivamente a la política, y en 2021 logró una curul en la Asamblea Nacional, donde fungió como asambleísta hasta mayo, cuando la legislatura fue disuelta por el presidente Guillermo Lasso, que enfrentaba un juicio político por acusaciones de malversación de fondos.

La medida de Lasso también dio pie a unas elecciones presidenciales que se llevarán a cabo el 20 de agosto. Para su candidatura presidencial, Villavicencio, de 59 años, se presentó como el candidato anticorrupción. Representaba al Movimiento Construye, una amplia coalición, y también habló de temas de seguridad personal en un país que ha sido consumido por la violencia relacionada con el narcotráfico.

Habló de manera abierta sobre los vínculos entre los gobiernos municipales y el dinero del narcotráfico, lo que le granjeó enemigos, según Calderón.

“Yo siempre pensaba que él, en el fondo, era un sindicalista”, dijo. “Y ese espíritu lo llevó a la campaña”.

En una contienda con ocho candidatos, Villavicencio aparecía en los sondeos al medio, pero de acuerdo con Jaramillo, tenía esperanza de sus posibilidades. Fue abatido antes de que los votantes pudieran dar su veredicto.

La última vez que Calderón habló con el candidato presidencial fue el martes, el día antes de su muerte. Cuando se enteró del asesinato, él y otros amigos corrieron al hospital, donde permanecieron hasta que el cuerpo de Villavicencio fue trasladado a la morgue.

“Sabíamos que estaba amenazado. Creíamos que estaba protegido”, dijo. “Uno no cree que eso le pueda pasar a alguien muy cercano”.

Poco después del asesinato, Correa acudió a las redes sociales.

“Han asesinado a Fernando Villavicencio”, escribió el expresidente en la plataforma X, antes Twitter. “Ecuador se ha convertido en un Estado fallido”.



Source: Elections - nytimes.com


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