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    Daniel Ortega, el hijo de Somoza

    En solo unos días, han sido detenidos líderes de la oposición en Nicaragua. ¿Acaso la diplomacia puede hacer algo eficaz para detener a un líder que ha decidido convertirse en dictador?El 17 de julio de 1979, el dictador Anastasio Somoza Debayle abandonó definitivamente Nicaragua. Esa fecha —conocida como el Día de la Alegría— parecía cerrar definitivamente una etapa terrible y sangrienta en la historia del país centroamericano. Tras años de lucha, en múltiples frentes, el pueblo había conquistado la libertad y podía comenzar a construir una vida en democracia. Daniel Ortega Saavedra, el comandante del ejército rebelde de 33 años, era uno de los líderes fundamentales de esa revolución. Cuatro décadas después, sin embargo, se convirtió en lo que ayudó a derrotar: es el nuevo Somoza que ahora oprime salvajemente a Nicaragua.Una de las de características del reciente autoritarismo latinoamericano es el descaro, la falta de pudor. Se comporta de manera obscena, con absoluta tranquilidad. Esta semana, en Nicaragua, han sido detenidos cinco líderes de la oposición, cuatro de ellos posibles adversarios a Ortega en las elecciones presidenciales de noviembre. No se trata solo de una estrategia de fuerza, de control interno, también hay un mensaje desafiante hacia el exterior: Ortega actúa con arrogante impunidad, como si la reacción de la comunidad internacional no le preocupara demasiado. Habiendo pasado el tiempo de las invasiones, ¿acaso la diplomacia puede hacer algo eficaz por detenerlo?Conocí a Daniel Ortega en una visita que hizo a Venezuela, buscando fondos para apoyar la lucha contra Somoza. Yo tenía 18 años y formaba parte de una brigada de solidaridad con Nicaragua en la ciudad de Barquisimeto. Ahí, un grupo de jóvenes nos reunimos una noche con el comandante guerrillero. Era un hombre sencillo, sin pretensiones personales, se expresaba siempre de manera directa. Nos habló de la guerra en Nicaragua pero, también, de la necesaria batalla en el exterior, de la imprescindible ayuda de los otros países de la región para lograr la caída de la dictadura de Somoza. Hoy todo es tan distinto y tan igual que la historia parece un relato absurdo.Tras la victoria de la revolución en 1979, Daniel Ortega y el Frente Sandinista de Liberación Nacional gobernaron el país hasta 1990, cuando perdieron las elecciones frente a Violeta Chamorro.Década y media pasó Daniel Ortega en la oposición hasta que logró ganar las elecciones con un mínimo margen y regresar al poder en 2007. A partir de ese momento, con la ayuda de los petrodólares venezolanos (entre 2008 y 2016, recibió alrededor de 500 millones de dólares anuales de manos del chavismo), comenzó a construir y a desarrollar un proyecto autoritario, destinado a ocupar los espacios de poder y a eliminar la institucionalidad, a someter a la sociedad civil y a garantizar su permanencia indefinida al frente del gobierno.Es un proceso que, con sus diferencias y atendiendo a sus circunstancias particulares, sigue un libreto similar al aplicado por el chavismo en Venezuela. Tiene grandes visos de nepotismo, ha secuestrado y socavado la autonomía de los poderes, limita a la prensa independiente, controla el aparato de justicia, los órganos electorales, el ejército. Es un modelo que permite que Ortega pueda reelegirse de manera ilimitada mientras sus adversarios —de forma ilegal— son inhabilitados, suspendidos o encarcelados.La crisis que comenzó en 2018, que tienen en las protestas estudiantiles un protagonista esencial, han mostrado cuán dispuesto está Ortega a emular a Anastasio Somoza. La represión, las detenciones ilegales, los juicios fraudulentos, las denuncias de tortura, el acoso más feroz a la prensa y la persecución política cada vez más implacable dibujan un cuadro crucial de violación permanente a los derechos humanos. Tampoco los diversos intentos de diálogos han logrado prosperar. El país, sin duda, está ante el peor escenario para que se puedan dar unas elecciones libres. Sergio Ramírez, extraordinario escritor y figura emblemática de la lucha contra Somoza y de la Revolución sandinista, retrata así el panorama: “El Estado de derecho dejó de existir en Nicaragua. Lo demás es ficción y remedo”.Frente la avanzada autoritaria, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha sancionado a tres funcionarios cercanos a Ortega y a su propia hija. Ya antes, tanto Estados Unidos como la Unión Europea, Canadá y el Reino Unido han puesto en vigencia medidas coercitivas contra el gobernante nicaragüense. También esta semana, António Guterres, secretario general de la ONU, instó a Ortega a liberar a los líderes opositores y a recuperar la credibilidad en la democracia en su país. Todas estas posturas y declaraciones, sin embargo, son cada vez más inocuas frente al desparpajo con el que actúa el poder en Nicaragua. Parecen una representación lejana en el aire, mientras los ciudadanos están cada vez más indefensos y acorralados. “Somos rehenes de la dictadura”, define acertadamente el periodista nicaragüense Carlos Fernando Chamorro.Parece evidente, al menos en la región, que urge reinventar la diplomacia. Las experiencias de Cuba, de Venezuela, ahora de Nicaragua, son más que elocuentes. Ni las sanciones económicas ni las presiones más formales, por separado o en conjunto, parecen haber tenido resultados medianamente palpables. Tampoco los organismos multilaterales o los bloques de varios países han conseguido en la mayoría de los casos alguna consecuencia positiva. El autoritarismo no solo sigue obrando a sus anchas, institucionalizando su violencia, sino que además avanza sin miramientos tratando de legitimar hoy en día las antiguas formas de tiranía militar del siglo XX latinoamericano.Hay que crear un tipo de relaciones internacionales distintas, que no terminen atrapadas entre una imposible invasión militar o la lentitud de la burocracia de las asociaciones o grupos multilaterales. Tiene que haber una manera de inventar nuevos mecanismos, pactos diferentes, que permitan otras alternativas de intervención regional que —al igual que en el siglo XX— apoyen a las ciudadanías y frenen el avance autoritario en la región.Para todo esto, es necesario comenzar a despolarizar los conflictos. No estamos ante un debate entre ideologías sino ante una pugna entre el despotismo y la democracia. En distintos niveles y en coyunturas diferentes, lo que está en riesgo es lo mismo. No importa si el gobernante se llama Nayib Bukele o Daniel Ortega. Si se define como liberal o como socialista. Lo que importa es el poder de los ciudadanos, la independencia de las instituciones, la libertad y la alternancia política. El caso de Nicaragua, en ese sentido, es proverbial: un mismo actor ha elegido jugar papeles opuestos. Quien enarboló las banderas contra la dictadura y se proclamó un orgulloso “hijo de Sandino” es hoy, por el contrario, el más perfecto y genuino hijo de Somoza.Alberto Barrera Tyszka (@Barreratyszka) es escritor venezolano. Su libro más reciente es la novela Mujeres que matan. More

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    Peruvian Election, Still Undecided, Pushes a Democracy to Its Brink

    The two presidential candidates are locked in a near tie. One claims fraud and is seeking to have tens of thousands of votes nullified. The other has called his supporters into the streets.LIMA, Peru — Peru has been through a year of profound turmoil: it cycled through three presidents, suffered one of the world’s highest coronavirus death rates and watched its economy shrink more than any in the region under the weight of the pandemic.Many in the country hoped against the odds that the presidential election last Sunday would offer a new start. Instead, nearly a week after the votes were cast, Peru is again gripped by uncertainty.The two candidates are locked in a near tie. One candidate is alleging fraud and calling for as many as 200,000 votes to be nullified — a move that would disenfranchise many poor and Indigenous voters. The other has called his supporters into the streets to defend those votes.The tension is pushing democracy to the limit, analysts said, exacerbating the fissures running through a deeply divided society and raising concern about the country’s future.The country is enduring “this nuclear war in which Peruvian politics has been plunged,” said the political scientist Mauricio Zavaleta, one in which politicians believe that “the ends justify the means.”With 99 percent of votes counted, Pedro Castillo, a leftist former teacher with no past governing experience, leads Keiko Fujimori, the daughter of former right-wing President Alberto Fujimori, and a symbol of the country’s establishment, by about 70,000 votes. Mr. Castillo has won about 50.2 percent of the votes counted, Ms. Fujimori 49.8 percent.But Ms. Fujimori has asked officials to toss out thousands of votes, claiming without concrete evidence that her opponent’s party has violated the voting system “in a systematic way.”Electoral authorities and observers say there has been no evidence presented yet of systematic fraud, and analysts say Ms. Fujimori’s effort will likely fail to turn the results in her favor.Electoral authorities have until Saturday to review requests from Ms. Fujimori’s party to nullify the vote tallies at 802 polling stations, where she is accusing Castillo supporters of various types of illegal activity, including changing vote counts in his favor.The polling stations are in regions Mr. Castillo won with strong margins — mainly poor and historically marginalized rural Andean areas, including Mr. Castillo’s hometown.By Thursday, a crowd of Castillo supporters had gathered outside the office of the national electoral authority. Some had traveled from far away, and said they were frustrated and worried that Ms. Fujimori was trying to steal the election.“Defend the vote!” some chanted.“These are the most disastrous elections that I have ever seen,” said Antonio Gálvez, 37, a taxi driver working by the protest. “Ms. Keiko Fujimori represents everything that is bad about Peruvian politics.”Police officers guarding the national electoral authority on Thursday.Angela Ponce/ReutersOn Thursday, the crisis intensified when a prosecutor asked a judge to jail Ms. Fujimori, who is facing corruption charges related to a previous run for president.Accused of running a criminal organization that trafficked in illegal campaign donations, Ms. Fujimori could be sentenced to 30 years in prison. Detained and released three times as the case proceeds, she is now accused by the prosecution of having contact with case witnesses, a violation of her release.If she wins the election, she will be shielded from prosecution during her five-year term.The election, and the tensions it has fueled, are exacerbating the divides in Peruvian society.Despite consistent economic growth rates over the past two decades, Peru remains a deeply unequal and divided nation, with the wealthier and whiter population in its cities reaping most of the benefits of a neoliberal economic model put in place in the 1990s by Ms. Fujimori’s father.When the pandemic ripped through Peru, it exacerbated those social and economic gaps, hitting hardest those who could not afford to stop working, who lived in cramped conditions, or who had limited access to health care in a country with a weak safety net.The elections played along the same economic, racial and class lines, with Ms. Fujimori drawing most of her support from urban areas, and Mr. Castillo finding his base in the rural highlands, home to more mixed-race and Indigenous Peruvians.Mr. Zavaleta, the political scientist, said he thought the chaos of the election, including Ms. Fujimori’s attempts to overturn votes, had “deepened the differences between Peruvians.”“And I believe that it will have relatively long-lasting effects,” he went on.Outside the election authority on Thursday, Max Aguilar, 63, said he had traveled hours by bus, from the northern city of Chimbote, to defend Mr. Castillo.“We believe that the far right has already had enough time to show us that things can be better — and they haven’t done it,” he said.“So we, the people, are saying no, that is enough. And we are betting on a change. We have a lot of confidence in Professor Castillo.”Sofía Villamil contributed reporting from Bogotá, Colombia. More

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    Para Netanyahu, al igual que para Trump, solo un ‘fraude’ puede explicar su derrota

    La transición democrática de Israel está programada para el domingo, pero nada es seguro en medio de la campaña del actual primer ministro que busca destruir a la coalición de sus oponentes.TEL AVIV, Israel — El primer ministro Benjamin Netanyahu considera que Israel está presenciando “el mayor fraude electoral de su historia”. Para Donald Trump, la derrota del pasado noviembre fue “el crimen del siglo”. Al parecer, el vocabulario de los dos hombres coincide porque el abrumador sentido de invencibilidad de ambos se desconcierta ante el proceso democrático.El domingo, Naftali Bennett, un nacionalista de derecha, asumirá el cargo de primer ministro de Israel, si el parlamento lo aprueba, pero el ataque furioso de Netanyahu contra su probable sucesor no muestra signos de amainar. Netanyahu dijo que existe una conspiración del “Estado profundo”.Netanyahu acusa a Bennett de ejecutar una “liquidación del país”. Un “gobierno de capitulación” es lo que espera a Israel después de una elección “robada”, dice. En cuanto a los medios, supuestamente están tratando de silenciarlo a través del “fascismo total”.Aunque parece que finalmente se producirá una transición democrática y pacífica, nada es seguro en Israel.Los ataques del partido de Netanyahu, Likud, contra el pequeño partido de Bennett, Yamina, han sido tan atroces que algunos políticos de Yamina han necesitado escoltas. Idit Silman, una representante de Yamina en la Knéset, el parlamento israelí, dijo en una entrevista en Canal 13 que un manifestante afuera de su casa le había dicho que estaba dolido por lo que estaba pasando su familia y agregó: “Pero no te preocupes, en la primera oportunidad que tengamos, te mataremos”.Naftali Bennett en la Knéset, el parlamento de Israel, el lunesFoto de consorcio de Maya AlleruzzoLa apoteosis de los métodos intransigentes de Netanyahu ha dejado la violencia en el aire. Los eventos del 6 de enero en Estados Unidos, cuando una turba incitada por Trump irrumpió en el Capitolio, no están lejos de la mente de los israelíes.“Durante 12 años, Netanyahu se convenció de que cualquier otra persona que gobernara Israel constituiría una amenaza para su existencia”, dijo Dahlia Scheindlin, una analista política. “Sus tácticas enérgicas presentan un desafío directo para una transición pacífica del poder”.La división y el miedo han sido las herramientas políticas preferidas de Netanyahu; y al igual que Estados Unidos, Israel está dividido, hasta el punto en que el jefe del servicio de seguridad interna de Israel, el Shin Bet, advirtió hace unos días sobre “un discurso extremadamente violento e incitador”. Fue una advertencia inusual.La policía ha dicho que no permitirá una marcha de corte nacionalista que había sido programada para que el jueves transitara por zonas de mayoría musulmana en la Ciudad Vieja de Jerusalén, pero las opiniones al respecto están aumentando entre los políticos de derecha después de que la marcha original del Día de Jerusalén fuera cancelada el mes pasado debido al lanzamiento de cohetes de Hamás.El martes, el gabinete de seguridad de Netanyahu decidió reprogramar la marcha para el próximo 15 de junio, a una ruta que se acordará con la policía. Netanyahu ve la marcha como un importante símbolo de la soberanía israelí.Celebrar la marcha sería jugar con fuego, como demostró la corta guerra con Hamás el mes pasado. Al parecer, ahora le corresponderá al gobierno de Bennett resolver ese problema.No se ha presentado ninguna evidencia que respalde las afirmaciones de que el futuro gobierno de Bennett es todo menos el producto legítimo de las elecciones libres y justas realizadas en marzo en Israel, el cuarto proceso electoral llevado a cabo desde 2019, mientras que Netanyahu, acusado de cargos de soborno y fraude, se ha esforzado en preservar el poder.Netanyahu define a la endeble coalición de ocho partidos de Bennett, que van desde partidos de extrema derecha a partidos de izquierda, como un “peligroso” gobierno de izquierda. Pero no fue la izquierda la que derrotó al primer ministro.Son políticos de derecha como Bennet y Gideon Saar, el futuro ministro de Justicia, quienes se convencieron de que Netanyahu se había convertido en una amenaza para la democracia israelí.Hace tres meses los carteles electorales en Jerusalén mostraban a Netanyahu, a la derecha, y a sus rivales, Gideon Saar, Naftali Bennett y Yair Lapid.Ahmad Gharabli/Agence France-Presse — Getty ImagesHaciendo referencia al suicidio masivo de judíos que se negaron a someterse al yugo romano en Masada, durante un discurso en el que explicaba su decisión de liderar un gobierno alternativo, Bennett dijo que Netanyahu “quiere llevarse consigo a todo el campo nacional y a todo el país a su propia Masada”.Fue una imagen extraordinaria, especialmente del exjefe de gabinete de Netanyahu, y captó la creciente impresión entre muchos israelíes de que el primer ministro estaba decidido, a cualquier precio, a usar la supervivencia política como herramienta para detener el proceso penal en su contra.“Debería haber renunciado cuando surgió la acusación en 2019”, dijo Yuval Shany, profesor de Derecho en la Universidad Hebrea de Jerusalén y exdecano de su Facultad de Derecho. “Cualquier político razonable habría dimitido. En cambio, se apresuró a atacar el poder judicial. A la larga, pareció que su principal objetivo político era lograr la inmunidad ante un acuerdo para su enjuiciamiento”.En otras palabras, lo personal, es decir mantenerse fuera de la cárcel, se había convertido en algo primordial para Netanyahu. Tanto es así que estaba dispuesto a socavar las instituciones fundamentales del Estado de derecho y la democracia, como la Corte Suprema, un poder judicial independiente y una prensa libre. En este sentido, los arrebatos de los últimos días han sido más una culminación que algo nuevo..css-1xzcza9{list-style-type:disc;padding-inline-start:1em;}.css-3btd0c{font-family:nyt-franklin,helvetica,arial,sans-serif;font-size:1rem;line-height:1.375rem;color:#333;margin-bottom:0.78125rem;}@media (min-width:740px){.css-3btd0c{font-size:1.0625rem;line-height:1.5rem;margin-bottom:0.9375rem;}}.css-3btd0c strong{font-weight:600;}.css-3btd0c em{font-style:italic;}.css-w739ur{margin:0 auto 5px;font-family:nyt-franklin,helvetica,arial,sans-serif;font-weight:700;font-size:1.125rem;line-height:1.3125rem;color:#121212;}#NYT_BELOW_MAIN_CONTENT_REGION .css-w739ur{font-family:nyt-cheltenham,georgia,’times new roman’,times,serif;font-weight:700;font-size:1.375rem;line-height:1.625rem;}@media (min-width:740px){#NYT_BELOW_MAIN_CONTENT_REGION .css-w739ur{font-size:1.6875rem;line-height:1.875rem;}}@media (min-width:740px){.css-w739ur{font-size:1.25rem;line-height:1.4375rem;}}.css-9s9ecg{margin-bottom:15px;}.css-16ed7iq{width:100%;display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-align-items:center;-webkit-box-align:center;-ms-flex-align:center;align-items:center;-webkit-box-pack:center;-webkit-justify-content:center;-ms-flex-pack:center;justify-content:center;padding:10px 0;background-color:white;}.css-pmm6ed{display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-align-items:center;-webkit-box-align:center;-ms-flex-align:center;align-items:center;}.css-pmm6ed > :not(:first-child){margin-left:5px;}.css-5gimkt{font-family:nyt-franklin,helvetica,arial,sans-serif;font-size:0.8125rem;font-weight:700;-webkit-letter-spacing:0.03em;-moz-letter-spacing:0.03em;-ms-letter-spacing:0.03em;letter-spacing:0.03em;text-transform:uppercase;color:#333;}.css-5gimkt:after{content:’Collapse’;}.css-rdoyk0{-webkit-transition:all 0.5s ease;transition:all 0.5s ease;-webkit-transform:rotate(180deg);-ms-transform:rotate(180deg);transform:rotate(180deg);}.css-eb027h{max-height:5000px;-webkit-transition:max-height 0.5s ease;transition:max-height 0.5s ease;}.css-6mllg9{-webkit-transition:all 0.5s ease;transition:all 0.5s ease;position:relative;opacity:0;}.css-6mllg9:before{content:”;background-image:linear-gradient(180deg,transparent,#ffffff);background-image:-webkit-linear-gradient(270deg,rgba(255,255,255,0),#ffffff);height:80px;width:100%;position:absolute;bottom:0px;pointer-events:none;}.css-uf1ume{display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-box-pack:justify;-webkit-justify-content:space-between;-ms-flex-pack:justify;justify-content:space-between;}.css-wxi1cx{display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-flex-direction:column;-ms-flex-direction:column;flex-direction:column;-webkit-align-self:flex-end;-ms-flex-item-align:end;align-self:flex-end;}.css-12vbvwq{background-color:white;border:1px solid #e2e2e2;width:calc(100% – 40px);max-width:600px;margin:1.5rem auto 1.9rem;padding:15px;box-sizing:border-box;}@media (min-width:740px){.css-12vbvwq{padding:20px;width:100%;}}.css-12vbvwq:focus{outline:1px solid #e2e2e2;}#NYT_BELOW_MAIN_CONTENT_REGION .css-12vbvwq{border:none;padding:10px 0 0;border-top:2px solid #121212;}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-rdoyk0{-webkit-transform:rotate(0deg);-ms-transform:rotate(0deg);transform:rotate(0deg);}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-eb027h{max-height:300px;overflow:hidden;-webkit-transition:none;transition:none;}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-5gimkt:after{content:’See more’;}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-6mllg9{opacity:1;}.css-qjk116{margin:0 auto;overflow:hidden;}.css-qjk116 strong{font-weight:700;}.css-qjk116 em{font-style:italic;}.css-qjk116 a{color:#326891;-webkit-text-decoration:underline;text-decoration:underline;text-underline-offset:1px;-webkit-text-decoration-thickness:1px;text-decoration-thickness:1px;-webkit-text-decoration-color:#326891;text-decoration-color:#326891;}.css-qjk116 a:visited{color:#326891;-webkit-text-decoration-color:#326891;text-decoration-color:#326891;}.css-qjk116 a:hover{-webkit-text-decoration:none;text-decoration:none;}“Se convirtió en un político que haría todo lo posible, sin limitaciones”, dijo Shany.Está en compañía de otros líderes conocidos. Netanyahu, cuya inesperada victoria electoral en 2015 le dio una nueva sensación de omnipotencia, estableció vínculos estrechos con Viktor Orbán, el primer ministro húngaro, y con Trump. Netanyahu se sintió atraído por mandatarios de todo el mundo que tenían la intención de centralizar el poder en nuevos modelos antiliberales.Netanyahu y Trump en la Casa Blanca, el año pasado. Para ambos políticos ha sido difícil aceptar que sus derrotas electorales puedan explicarse por cualquier cosa que no sea un fraude.Doug Mills/The New York TimesLo que Netanyahu necesitaba, durante todas esas elecciones en Israel, era una mayoría lo suficientemente fuerte como para cambiar las leyes fundamentales del país con el propósito de hacer ilegal el enjuiciamiento a un primer ministro que esté en el cargo y quitarle a la Corte Suprema el poder de derogar esa legislación.Nunca obtuvo esa mayoría.“No hay duda de que quería reducir y minimizar la autoridad de revisión judicial de la Corte Suprema sobre la legislación de la Knéset y las decisiones administrativas de los órganos gubernamentales”, dijo Yohanan Plesner, presidente del Instituto de la Democracia de Israel. “Pero los controles y contrapesos de nuestra joven democracia están intactos”.Este domingo, es probable que esos controles y contrapesos lleven a Israel a un cambio democrático de gobierno. Pero Israel, a diferencia de Estados Unidos, es una democracia parlamentaria más que presidencial. Netanyahu no irá a un refugio soleado junto a un campo de golf. Como presidente de Likud, ejercerá un poder considerable.“No desaparecerá y no se callará”, dijo Merav Michaeli, líder del Partido Laborista, miembro de la nueva coalición. “Y llevará mucho tiempo reparar el daño”.El gobierno entrante está revisando la legislación que establecería un límite de dos mandatos para un primer ministro y obligaría a cualquiera que haya dirigido el país durante ocho años a pasar cuatro años fuera de la Knéset. Esto muestra cómo la democracia israelí se ha visto sacudida por los 15 años de Netanyahu en el poder.Merav Michaeli, dirigente del Partido Laborista de Israel e integrante de la coalición anti-Netanyahu, en una conferencia celebrada hace tres meses cerca de Tel AvivJack Guez/Agence France-Presse — Getty ImagesNir Orbach, uno de los miembros del partido de derecha de Bennett que ha sido atacado por el Likud y que es objeto de presiones para cambiar de opinión sobre el apoyo a la nueva coalición, publicó su opinión en Facebook:“No es una decisión simple, pero responde a la realidad de esta vida en la que nos levantamos cada mañana con más de 700 días de inestabilidad gubernamental, una crisis civil, discursos violentos, y una sensación de caos, como al borde de la guerra civil”.Esa publicación es una buena expresión del agotamiento israelí ante la lucha retorcida de Netanyahu por la supervivencia política.Michaeli explicó: “Netanyahu ha estado erosionando la democracia de Israel durante mucho tiempo”. Haciendo referencia al asesinato de Yitzhak Rabin en 1995, continuó: “Recuerde, aquí tuvimos a un primer ministro asesinado. Estamos en una lucha constante por el temperamento y el alma de Israel. Pero prevaleceremos”.Los próximos días pondrán a prueba esa afirmación. Bennett instó a Netanyahu a “dejarse llevar” y abandonar su política de “tierra arrasada”. Pero esperar una salida cortés del primer ministro parece tan descabellado como habría sido esperarla del expresidente estadounidense, quien también afirmó que su derrota solo podía ser un robo.Roger Cohen es el jefe de la oficina de París del Times. Fue columnista de Opinión de 2009 a 2020. Ha trabajado para el Times durante más de 30 años y ha sido corresponsal extranjero y editor extranjero. Criado en Sudáfrica y Gran Bretaña, es estadounidense naturalizado. @NYTimesCohen More

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    New Jersey Primary Election Results

    The four-way Republican primary to run against New Jersey’s Democratic governor in November has become a test of former President Donald J. Trump’s brand of conservative politics. Jack Ciattarelli, a former state lawmaker making his second bid for governor, has been forced to defend his moderate views by his chief rival, Hirsh Singh, a self-described “Trump Republican.” More

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    Virginia Primary Election Results

    Former Gov. Terry McAuliffe is running for his old job and faces four Democratic opponents for the nomination: Lt. Gov. Justin Fairfax, State Senator Jennifer McClellan, State Delegate Lee Carter and former State Delegate Jennifer Carroll Foy. Republicans have already selected their nominee, Glenn Youngkin, a former private-equity executive. More

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    Stacey Abrams to Begin Campaign in Support of For the People Act

    Stacey Abrams, the former Georgia Democratic candidate for governor, and the voting organization she leads are beginning a monthlong advocacy campaign to rally young voters of color to support the For the People Act, an expansive federal elections bill.The effort, called Hot Call Summer, will be anchored in a texting campaign, in which the group aims to reach at least 10 million voters in battleground states that have either passed new laws with restrictions on voting or are advancing such bills. Ms. Abrams’s group, Fair Fight Action, will also host virtual events and fund a paid media campaign to support the push.“With voting rights under attack in 48 out of 50 state legislatures across the country, the moment has never been more urgent, and it will take all of us to ensure that Congress passes the voting rights protections our country and democracy desperately need,” Ms. Abrams said in an email to supporters that was obtained earlier by CBS News. She called on supporters in every state to “make sure that EVERY U.S. Senator is hearing from their constituents about the urgent need” to pass the legislation.The campaign kicks off just days after Senator Joe Manchin III, a moderate Democratic senator from West Virginia, announced that he would not support the federal voting legislation, making passage extremely unlikely in the evenly divided Senate.Republican-led states across the country are continuing to introduce and pass laws that would erect new barriers to voting. Republicans in Texas have vowed to pass a voting bill in a special session this summer, and voting bills are progressing through the Republican-controlled legislatures in New Hampshire and Michigan.Ms. Abrams has made voting rights one of her central platforms. In Georgia in 2018, she came within 55,000 votes of being elected the first Black governor in the United States, and within 18,000 votes of forcing a runoff with her Republican rival, Brian Kemp, in an election that drew almost four million ballots. When she ceded to Mr. Kemp, she maintained her allegations that he had used his position as Georgia’s secretary of state to engage in voter suppression.Ms. Abrams is seen as a likely Democratic candidate for governor in Georgia in 2022. She is scheduled to participate in three virtual town hall events, including one with Katie Hobbs, the Arizona secretary of state and candidate for governor, and Jason Frierson, the Nevada Assembly speaker. Both are Democrats.The Fair Fight campaign joins other national and state organizational efforts in trying to combat the new voting laws being passed by Republican-controlled legislatures. In Texas, the state Democratic Party announced a program aiming to use at least $13 million to register at least one million new voters.And later this month, a coalition of voting rights groups organized by Black Voters Matter will embark on a bus stop tour from New Orleans to Washington, D.C., whose name harks back to its inspiration, the integrated bus trips of the Civil Rights Movement in the 1960s: the “Freedom Ride for Voting Rights.” More

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    For Netanyahu, like Trump, Only ‘Fraud’ Can Explain His Defeat

    Israel’s democratic transition is set for Sunday, but nothing is certain amid the prime minister’s scorched-earth campaign to wreck his opponents’ coalition.TEL AVIV — For Prime Minister Benjamin Netanyahu, Israel is witnessing “the greatest election fraud in the history of the country.” For Donald Trump, defeat last November was “the crime of the century.” The two men’s language overlaps, it seems, because their overwhelming sense of invincibility is confounded by democratic process.Naftali Bennett, a right-wing nationalist, will take office as Israel’s prime minister Sunday, if approved by parliament, but Mr. Netanyahu’s raging assault on his likely successor shows no sign of relenting. He has said there is a “deep state” conspiracy.Mr. Netanyahu accuses Mr. Bennett of conducting a “fire sale on the country.” A “government of capitulation” awaits Israel after a “stolen” election, he says. As for the media, it is supposedly trying to silence him through “total fascism.”Although it appears that a peaceful democratic transition in Israel will take place, nothing is certain.Attacks by Mr. Netanyahu’s Likud party on Mr. Bennett’s small Yamina party have been so vicious that some Yamina politicians have needed security details. Idit Silman, a Yamina representative in the Knesset, or parliament, said in an interview on Channel 13 TV that a demonstrator outside her home had told her he was pained by what her family was going through, “but don’t worry, at the first chance we get, we’ll slaughter you.”Naftali Bennett on Monday at the Knesset, Israel’s Parliament.Pool photo by Maya AlleruzzoThe apotheosis of Mr. Netanyahu’s whatever-it-takes methods has left violence in the air. The events of Jan. 6 in the United States, when a Trump-incited mob stormed the Capitol, are not far from Israelis’ minds.“Over a dozen years, Mr. Netanyahu convinced himself that anyone else ruling Israel would constitute an existential threat,” said Dahlia Scheindlin, a political analyst. “His strong-arm tactics present a direct challenge to a peaceful transition of power.”Division and fear have been Mr. Netanyahu’s preferred political tools; and like America, Israel is split, to the point that the head of Israel’s internal security service, Shin Bet, warned a few days ago of “extremely violent and inciting discourse.” It was an unusual warning.The police have said they will not allow a nationalist march that had been scheduled Thursday through Muslim-majority areas of Jerusalem’s Old City, but feelings over it are running high among right-wing politicians after the original Jerusalem Day march last month was canceled because of Hamas rocket fire.Mr. Netanyahu’s security cabinet decided Tuesday to reschedule the march, on a route to be agreed with the police, for next Tuesday, June 15. Mr. Netanyahu sees the march as an important symbol of Israeli sovereignty.To hold the march would be playing with fire, as the short war with Hamas last month demonstrated. The issue, it appears, will now fall to the Bennett government to resolve.No evidence has been produced to back claims that Mr. Bennett’s prospective new government is anything but the legitimate product of Israel’s free and fair March election, the fourth since 2019 as Mr. Netanyahu, indicted on bribery and fraud charges, has scrambled to preserve power.Mr. Netanyahu calls Mr. Bennett’s tenuous eight-party coalition, ranging from far-right to left wing parties, a “dangerous” leftist government. But it is not the left that defeated the prime minister.It is politicians on the right like Mr. Bennet and Gideon Saar, the prospective justice minister, who became convinced that Mr. Netanyahu had become a threat to Israeli democracy.Election billboards in Jerusalem three months ago showed Mr. Netanyahu on the right, and his rivals, Gideon Saar, Naftali Bennett and Yair Lapid.Ahmad Gharabli/Agence France-Presse — Getty ImagesAlluding to the mass suicide at Masada of Jews who refused to submit to the Roman yoke, Mr. Bennett said in a speech explaining his decision to head an alternative government that Mr. Netanyahu “wants to take with him the entire national camp and the entire country to his own private Masada.”It was an extraordinary image, especially from Mr. Netanyahu’s former chief of staff, and it captured the growing impression among many Israelis that the prime minister was determined, at whatever price, to leverage political survival into stopping the criminal process against him.“He should have quit when the indictment came out in 2019,” said Yuval Shany, a law professor at Hebrew University of Jerusalem and former dean of its Law School. “Any reasonable politician would have stepped down. Instead, he went full throttle against the judiciary. In the end it seemed his main political aim was arriving at an immunity from prosecution arrangement.”In other words, the personal — staying out of jail — had become paramount for Mr. Netanyahu. So much so that he was prepared to erode core institutions of the rule of law and democracy, like the Supreme Court, an independent judiciary and a free press. In this sense, the outbursts of recent days have been a culmination rather than a departure.“He became a politician who would go to any lengths, without limits,” Mr. Shany said.He had prominent company. Mr. Netanyahu, whose unpredicted 2015 electoral victory gave him a new sense of being all-powerful, formed close bonds with Viktor Orban, the Hungarian prime minister, and with Mr. Trump. He was drawn to leaders across the world intent on centralizing power in new, illiberal models.Mr. Netanyahu and Mr. Trump at the White House last year. Both men have found it difficult to accept that an electoral loss could be explained by anything except fraud.Doug Mills/The New York TimesWhat Mr. Netanyahu needed, through all those Israeli elections, was a majority strong enough to change Israel’s Basic Law to make prosecution of a prime minister in office impossible, and to take from the Supreme Court the power to strike such legislation down.He never quite got that majority.“There’s no doubt he wanted to narrow and minimize the authority of judicial review of the Supreme Court over both Knesset legislation and the administrative decisions of government bodies,” said Yohanan Plesner, the president of the Israel Democracy Institute. “But the checks and balances of our young democracy are intact.”Those checks and balances are likely to get Israel to Sunday and a democratic change in government. But Israel, unlike the United States, is a parliamentary rather than a presidential democracy. Mr. Netanyahu will not disappear to some sunny retreat beside a golf course. As chairman of Likud, he will wield considerable power..css-1xzcza9{list-style-type:disc;padding-inline-start:1em;}.css-3btd0c{font-family:nyt-franklin,helvetica,arial,sans-serif;font-size:1rem;line-height:1.375rem;color:#333;margin-bottom:0.78125rem;}@media (min-width:740px){.css-3btd0c{font-size:1.0625rem;line-height:1.5rem;margin-bottom:0.9375rem;}}.css-3btd0c strong{font-weight:600;}.css-3btd0c em{font-style:italic;}.css-w739ur{margin:0 auto 5px;font-family:nyt-franklin,helvetica,arial,sans-serif;font-weight:700;font-size:1.125rem;line-height:1.3125rem;color:#121212;}#NYT_BELOW_MAIN_CONTENT_REGION .css-w739ur{font-family:nyt-cheltenham,georgia,’times new roman’,times,serif;font-weight:700;font-size:1.375rem;line-height:1.625rem;}@media (min-width:740px){#NYT_BELOW_MAIN_CONTENT_REGION .css-w739ur{font-size:1.6875rem;line-height:1.875rem;}}@media (min-width:740px){.css-w739ur{font-size:1.25rem;line-height:1.4375rem;}}.css-9s9ecg{margin-bottom:15px;}.css-16ed7iq{width:100%;display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-align-items:center;-webkit-box-align:center;-ms-flex-align:center;align-items:center;-webkit-box-pack:center;-webkit-justify-content:center;-ms-flex-pack:center;justify-content:center;padding:10px 0;background-color:white;}.css-pmm6ed{display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-align-items:center;-webkit-box-align:center;-ms-flex-align:center;align-items:center;}.css-pmm6ed > :not(:first-child){margin-left:5px;}.css-5gimkt{font-family:nyt-franklin,helvetica,arial,sans-serif;font-size:0.8125rem;font-weight:700;-webkit-letter-spacing:0.03em;-moz-letter-spacing:0.03em;-ms-letter-spacing:0.03em;letter-spacing:0.03em;text-transform:uppercase;color:#333;}.css-5gimkt:after{content:’Collapse’;}.css-rdoyk0{-webkit-transition:all 0.5s ease;transition:all 0.5s ease;-webkit-transform:rotate(180deg);-ms-transform:rotate(180deg);transform:rotate(180deg);}.css-eb027h{max-height:5000px;-webkit-transition:max-height 0.5s ease;transition:max-height 0.5s ease;}.css-6mllg9{-webkit-transition:all 0.5s ease;transition:all 0.5s ease;position:relative;opacity:0;}.css-6mllg9:before{content:”;background-image:linear-gradient(180deg,transparent,#ffffff);background-image:-webkit-linear-gradient(270deg,rgba(255,255,255,0),#ffffff);height:80px;width:100%;position:absolute;bottom:0px;pointer-events:none;}.css-uf1ume{display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-box-pack:justify;-webkit-justify-content:space-between;-ms-flex-pack:justify;justify-content:space-between;}.css-wxi1cx{display:-webkit-box;display:-webkit-flex;display:-ms-flexbox;display:flex;-webkit-flex-direction:column;-ms-flex-direction:column;flex-direction:column;-webkit-align-self:flex-end;-ms-flex-item-align:end;align-self:flex-end;}.css-12vbvwq{background-color:white;border:1px solid #e2e2e2;width:calc(100% – 40px);max-width:600px;margin:1.5rem auto 1.9rem;padding:15px;box-sizing:border-box;}@media (min-width:740px){.css-12vbvwq{padding:20px;width:100%;}}.css-12vbvwq:focus{outline:1px solid #e2e2e2;}#NYT_BELOW_MAIN_CONTENT_REGION .css-12vbvwq{border:none;padding:10px 0 0;border-top:2px solid #121212;}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-rdoyk0{-webkit-transform:rotate(0deg);-ms-transform:rotate(0deg);transform:rotate(0deg);}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-eb027h{max-height:300px;overflow:hidden;-webkit-transition:none;transition:none;}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-5gimkt:after{content:’See more’;}.css-12vbvwq[data-truncated] .css-6mllg9{opacity:1;}.css-qjk116{margin:0 auto;overflow:hidden;}.css-qjk116 strong{font-weight:700;}.css-qjk116 em{font-style:italic;}.css-qjk116 a{color:#326891;-webkit-text-decoration:underline;text-decoration:underline;text-underline-offset:1px;-webkit-text-decoration-thickness:1px;text-decoration-thickness:1px;-webkit-text-decoration-color:#326891;text-decoration-color:#326891;}.css-qjk116 a:visited{color:#326891;-webkit-text-decoration-color:#326891;text-decoration-color:#326891;}.css-qjk116 a:hover{-webkit-text-decoration:none;text-decoration:none;}“He is not going away, and he will not be quiet,” said Merav Michaeli, the leader of the Labor Party, a member of the new coalition. “And it will take a long time to repair the damage.”The incoming government is reviewing legislation that would set a two-term limit for a prime minister and oblige anyone who has led the country for eight years to spend four years out of the Knesset. It signals how Israeli democracy has been jolted by Mr. Netanyahu’s total of 15 years in power.Merav Michaeli, leader of Israel’s Labor Party, a member of the anti-Netanyahu coalition, at a conference three months ago near Tel Aviv.Jack Guez/Agence France-Presse — Getty ImagesNir Orbach, one of the members of Mr. Bennett’s right-wing party who has come under withering attack from Likud and been pressured to change his mind about supporting the new coalition, posted an explanation of his thinking on Facebook:“It is not a simple decision, but it is obligated by the reality of life in which we get up every morning, over 700 days of governmental instability, in a civil crisis, in a violent discourse, in a sense of chaos, on the brink of civil war.”The post was as good an expression of Israeli exhaustion at Mr. Netanyahu’s contorted fight for survival as any.Ms. Michaeli said: “Netanyahu has been eroding Israel’s democracy for a very long time.” Alluding to the 1995 killing of Yitzhak Rabin, she continued: “Remember, we had a prime minister assassinated here. We are in an ongoing fight for the character and soul of Israel. But we will prevail.”The next few days will test that assertion. Mr. Bennett urged Mr. Netanyahu to “let go” and abandon his “scorched earth” policy. But to expect a gracious exit from the prime minister appears as far-fetched as was expecting it from the American president who also claimed that defeat could only be theft. More

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    En Nicaragua se profundiza la represión y la democracia peligra

    Durante la presidencia de Daniel Ortega, el país está a un paso de convertirse en un Estado de partido único. Las acusaciones de lavado de dinero contra su principal rival agudizan las preocupaciones.MANAGUA, Nicaragua — Los candidatos de la oposición han sido detenidos. Las protestas se han prohibido. Y los partidos políticos han sido descalificados.A meses de postular a la reelección, el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, deja al país a un paso de convertirse en un Estado de partido único, al tomar medidas drásticas contra la oposición a un grado que no se ha visto desde la brutal represión de las protestas antigubernamentales de 2018, dicen los expertos.Las medidas agresivas de Ortega son un inesperado desafío para la gestión de Biden, que ha hecho del fortalecimiento a las democracias centroamericanas un pilar de su política exterior en la región.La mano dura de Ortega alcanzó un punto de inflexión el miércoles, luego de que su gobierno acusó a Cristiana Chamorro, una de las principales candidatas de oposición, de lavado de dinero y “falsedad ideológica” y la puso bajo arresto domiciliario horas después de anunciar sus planes de postular a la presidencia en las elecciones del 7 de noviembre. Otro candidato, Arturo Cruz, fue detenido el sábado por la policía por supuestamente “conspirar contra la sociedad nicaragüense”.La policía ha confinado a sus hogares a otros tres aspirantes presidenciales, que no han sido acusados formalmente de ningún cargo, lo que en la práctica impide que realicen campañas electorales.“Ortega está a punto de acabar con toda la competencia política en el país”, comentó Eliseo Núñez, un analista político y activista opositor nicaragüense. “Estamos muy cerca de llamar a esto de una dictadura”.La velocidad con que Nicaragua se ha precipitado hacia el autoritarismo ha tomado por sorpresa incluso a muchos de los oponentes de Ortega.Ortega, otrora líder de la junta revolucionaria de Nicaragua, ha desmantelado gradualmente las instituciones democráticas del país y sofocado la disidencia desde que regresó al poder en 2007 tras ganar unas elecciones democráticas. Más de 320 personas, en su mayoría manifestantes, murieron en protestas contra su gobierno en 2018, lo que la convierte en la peor ola de violencia política en América Latina en tres décadas.Las protestas ayudaron a sumir a uno de los países más pobres de la región en una recesión económica prolongada y condujeron a la imposición de sanciones estadounidenses contra los principales funcionarios de Ortega, incluida su esposa, Rosario Murillo, quien es la vicepresidenta y su portavoz.Ortega, intentando aliviar la presión económica e internacional, inició un diálogo con la oposición tras las protestas y estableció un plazo con la Organización de Estados Americanos el año pasado para lograr que el sistema electoral nicaragüense sea más justo.Pero al acercarse el plazo para la reforma, Ortega viró radicalmente hacia la represión. Ha nombrado a sus partidarios al consejo supremo electoral. Introdujo una serie de leyes que permiten a sus funcionarios detener o descalificar a cualquier ciudadano que haya expresado críticas al presidente, incluidos periodistas y políticos.“Ortega hizo todo lo contrario de lo que se esperaba”, observó Carlos Tünnerman, un ex alto funcionario del gobierno revolucionario de Ortega en los años ochenta. “Ha demostrado que está listo para hacer cualquier cosa para mantenerse en el poder”.La medida más audaz del gobierno hasta ahora ha sido el arresto sorpresivo de Cristiana Chamorro, heredera de una de las familias más ricas e influyentes de Nicaragua y cuya madre derrotó a Ortega en las elecciones de 1990. Hasta hace poco, Chamorro dirigía una fundación que capacitaba a periodistas independientes de Nicaragua con fondos recibidos parcialmente de Estados Unidos, lo que llevó al gobierno a acusarla de lavado de dinero y subversión.Cristiana Chamorro, al centro, candidata líder de la oposición, en Managua la semana pasada.Inti Ocon/Agence France-Presse — Getty ImagesEn la actualidad solo un grupo creíble de la oposición tiene la posibilidad legal de participar en las elecciones de noviembre y representa la última esperanza para los opositores de Ortega. La agrupación, llamada Ciudadanos por la Libertad, está en el proceso de elegir a su candidato presidencial, quien se convertiría de hecho en estandarte de una oposición por lo general indisciplinada.Los analistas políticos indican que un candidato serio de Ciudadanos por la Libertad tendría buenas oportunidades de movilizar al grueso de los votantes nicaragüenses que no apoyan al gobierno y presentar una amenaza electoral de importancia al partido gobernante.Ortega parece no estar dispuesto a permitirlo. El viernes, la junta electoral, aliada del gobierno, hizo una amenaza velada de prohibir a cualquier candidato que no cumpla con las nuevas leyes que criminalizan la disidencia política.Los líderes opositores comentaron que la nueva directriz permite que los funcionarios electorales tengan el poder de suspender a cualquier candidato que represente una amenaza seria para Ortega o el candidato de su elección para que en la práctica no enfrente oposición.“Están claramente abiertos a dar ese último paso”, dijo Félix Maradiaga, uno de los finalistas en la carrera por la nominación de Ciudadanos por la Libertad a candidato presidencial.El mismo Maradiaga ha estado periódicamente en arresto domiciliario desde noviembre sin que se le hayan presentado cargos.La vocera de Ortega, Murillo, no respondió a un pedido de comentarios sobre las detenciones de los candidatos de la oposición.El rápido deterioro de las protecciones democráticas de Nicaragua ha presentado un desafío para la gestión de Biden, que ya estaba teniendo dificultades para detener el creciente autoritarismo en Centroamérica.Funcionarios y congresistas estadounidenses respondieron a la detención de Chamorro con amenazas de imponer nuevas sanciones contra Ortega.“Definitivamente estamos viendo qué acciones vamos a tomar para responder” a la represión política, dijo el sábado a la Voice of America el principal asesor de la Casa Blanca para América Latina, Juan González.La fuerte dependencia de Nicaragua de las exportaciones preferentes a Estados Unidos y los créditos de prestamistas internacionales financiados por Estados Unidos significa que las sanciones son una seria amenaza económica para Ortega, dijo Tiziano Breda, analista centroamericano de International Crisis Group.Pero la introducción de sanciones de importancia podrían conducir a la ya contraída economía de Nicaragua a una crisis, impulsando un nuevo éxodo de migrantes de la región hacia Estados Unidos.“Ortega ya ha presidido una economía de guerra; está demostrando que está dispuesto a repetir la historia”, comentó Breda. “La pregunta es: ¿Estados Unidos está dispuesto a afrontar las consecuencias de sus acciones?”Yubelka Mendoza More