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    Jair Bolsonaro plantea dudas sobre el proceso electoral de Brasil. El ejército lo respalda

    Previo a las elecciones hay un escenario riesgoso: por un lado, el presidente y líderes militares sostienen que el voto se presta al fraude. Por otro, jueces, diplomáticos extranjeros y periodistas advierten que Bolsonaro prepara el terreno para intentar un golpe de Estado.RÍO DE JANEIRO — Durante meses, el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha estado constantemente a la zaga en las encuestas previas a la crucial elección presidencial brasileña. Y durante meses ha cuestionado constantemente los sistemas de votación de su país, advirtiendo que si pierde las elecciones de octubre, probablemente se debería al robo de votos.Esas afirmaciones fueron consideradas en gran medida como habladurías. Pero ahora Bolsonaro ha conseguido un nuevo aliado en su lucha contra el proceso electoral: los militares del país.Los líderes de las fuerzas armadas de Brasil han comenzado repentinamente a plantear dudas similares sobre la integridad de las elecciones, a pesar de las escasas pruebas de fraude en el pasado, lo que ha aumentado la tensión, ya elevada, sobre la estabilidad de la mayor democracia de América Latina y ha sacudido a un país que sufrió una dictadura militar de 1964 a 1985.Los líderes militares han identificado para los funcionarios electorales lo que, según ellos, son algunas vulnerabilidades en los sistemas de votación. Se les dio un lugar en un comité de transparencia que los funcionarios electorales crearon para disminuir los temores que Bolsonaro había despertado sobre la votación. Y Bolsonaro, un capitán retirado del ejército que llenó su gabinete de generales, ha sugerido que el día de las elecciones, los militares deberían realizar su propio recuento paralelo de los votos.Bolsonaro, quien ha hablado bien de la dictadura militar, también ha querido dejar claro que los militares responden ante él.Los funcionarios electorales “invitaron a las fuerzas armadas a participar en el proceso electoral”, dijo Bolsonaro hace poco, en alusión al comité de transparencia. “¿Olvidaron que el jefe supremo de las fuerzas armadas se llama Jair Messias Bolsonaro?”.Almir Garnier Santos, el comandante de la Marina de Brasil, dijo a los periodistas el mes pasado que respaldaba la opinión de Bolsonaro. “El presidente de la república es mi jefe, es mi comandante, tiene derecho a decir lo que quiera”, dijo.A poco más de cuatro meses de una de las votaciones más importantes de América Latina en años, se está formando un conflicto muy riesgoso. Por un lado, el presidente, algunos líderes militares y muchos votantes de la derecha sostienen que las elecciones se prestan al fraude. Por otro, políticos, jueces, diplomáticos extranjeros y periodistas hacen sonar la alarma de que Bolsonaro está preparando el terreno para un intento de golpe de Estado.Bolsonaro ha aumentado la tensión, al decir que su preocupación por la integridad de las elecciones puede llevarlo a cuestionar el resultado. “Ha surgido una nueva clase de pillos que quieren robar nuestra libertad”, dijo en un discurso este mes. “Iremos a la guerra si es necesario”.Activistas con una manta que dice en portugués “Dictadura nunca más” en un mitin en Brasilia en marzo durante una protesta motivada por lo que los organizadores dijeron es un aumento de las violaciones a los derechos humanos en la presidencia de Jair Bolsonaro.Eraldo Peres/Associated PressEdson Fachin, un juez del Supremo Tribunal Federal y el principal funcionario electoral del país, dijo en una entrevista que las afirmaciones de que la elección sería insegura son infundadas y peligrosas. “Estos problemas son creados artificialmente por quienes quieren destruir la democracia brasileña”, dijo. “Lo que está en juego en Brasil no es solo una máquina de votación electrónica. Lo que está en juego es conservar la democracia”.Bolsonaro y los militares dicen que solamente intentan salvaguardar las elecciones. “Por el amor de Dios, nadie está realizando actos antidemocráticos”, dijo Bolsonaro recientemente. “Una elección limpia, transparente y segura es una cuestión de seguridad nacional. Nadie quiere tener dudas cuando las elecciones hayan terminado”.El Ministerio de Defensa de Brasil dijo en un comunicado que “las fuerzas armadas brasileñas actúan en estricta obediencia a la ley y la Constitución y se dirigen a defender la patria, garantizar los poderes constitucionales y, a través de cualquiera de ellos, de la ley y el orden”.Las tácticas de Bolsonaro parecen adaptadas del manual del expresidente Donald Trump, y tanto Trump como sus aliados han trabajado para apoyar las interpelaciones de fraude de Bolsonaro. Los dos hombres son reflejo de un retroceso democrático más amplio que se está produciendo en todo el mundo.Los disturbios del año pasado en el Capitolio de Estados Unidos han demostrado que los traspasos pacíficos de poder ya no están garantizados ni siquiera en las democracias maduras. En Brasil, donde las instituciones democráticas son mucho más jóvenes, las incursiones de los militares en las elecciones están agudizando los temores.Garnier Santos, el comandante de la Marina, declaró al periódico brasileño O Povo que “como comandante de la Marina, quiero que los brasileños estén seguros de que su voto contará”, y añadió: “Cuanta más transparencia, cuanta más auditoría, mejor para Brasil”.Un informe de la policía federal brasileña detalló cómo dos generales del gabinete de Bolsonaro, incluido su asesor de seguridad nacional, habían intentado durante años ayudar a Bolsonaro a descubrir pruebas de fraude electoral.Y el viernes, el ministro de Defensa de Brasil, Paulo Sérgio Nogueira, envió una misiva de 21 puntos a los funcionarios electorales, criticándolos por no tomar en serio las inquietudes de los militares sobre la seguridad electoral. “Las fuerzas armadas no se sienten debidamente reconocidas”, dijo.Hasta ahora, los comentarios de Bolsonaro han ido más allá que los de los militares. En abril, repitió la falsedad de que los funcionarios cuentan los votos en una “sala secreta”. Luego sugirió que los datos de las votaciones deberían suministrarse a una sala “donde las fuerzas armadas también tengan una computadora para contar los votos”. Los militares no han comentado públicamente esta idea.Dado que el apoyo de los militares podría ser crítico para un golpe de Estado, una pregunta popular en los círculos políticos es: si Bolsonaro cuestiona el resultado de las elecciones, ¿cómo reaccionarían los 340.000 miembros de las fuerzas armadas?Bolsonaro y Trump son aliados cercanos; ambos han cuestionado las elecciones de sus respectivos países. Cenaron en marzo de 2020 en Mar-a-Lago en Palm Beach, Florida.T.J. Kirkpatrick para The New York Times“En Estados Unidos, los militares y la policía respetaron la ley, defendieron la Constitución”, dijo Mauricio Santoro, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Estatal de Río de Janeiro, refiriéndose a las afirmaciones de Trump de que le habían robado la elección. “No estoy seguro de que vaya a ocurrir lo mismo aquí”.Funcionarios militares y políticos refutan cualquier noción de que los militares respaldarían un golpe de Estado. “Caería. No tendría ningún apoyo”, dijo el general Maynard Santa Rosa, quien perteneció al ejército brasileño durante 49 años y sirvió en el gabinete de Bolsonaro. “Y creo que él lo sabe”.Sérgio Etchegoyen, un general retirado del ejército cercano a los actuales líderes militares, también calificó de alarmistas las preocupaciones sobre un golpe de Estado. “Podemos pensar que es malo que el presidente cuestione las boletas”, dijo. “Pero es mucho peor si cada cinco minutos pensamos que la democracia está en riesgo”.Algunos funcionarios estadounidenses están más preocupados por la reacción del aproximadamente medio millón de policías en todo Brasil porque generalmente son menos profesionales y apoyan más a Bolsonaro que los militares, según un funcionario estadounidense que habló con la condición de permanecer en el anonimato para discutir conversaciones privadas.Cualquier afirmación sobre una elección robada podría enfrentarse a un público escéptico, a menos de que la contienda se haga más competida. Una encuesta realizada a finales de mayo entre 2556 brasileños indicó que el 48 por ciento apoyaba al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, frente al 27 por ciento de Bolsonaro. (Si ningún candidato obtiene la mitad de los votos, los dos primeros clasificados irán a una segunda vuelta el 30 de octubre).Esa misma encuesta mostró que el 24 por ciento de los encuestados no confía en las máquinas de votación de Brasil, frente al 17 por ciento en marzo. El 55 por ciento de los encuestados dijo que creía que la elección era vulnerable al fraude, incluyendo el 81 por ciento de los partidarios de Bolsonaro.En los 37 años de democracia moderna en Brasil, ningún presidente ha estado tan cerca de los militares como Bolsonaro, quien fue paracaidista del ejército.Como diputado, colgó en su despacho retratos de los líderes de la dictadura militar brasileña. Como presidente, triplicó el número de militares en puestos civiles en el gobierno federal hasta casi 1100. Su vicepresidente también es un general retirado.El año pasado, mientras intensificaba sus críticas al sistema electoral del país, destituyó al ministro de Defensa y a los tres principales comandantes militares, colocando a partidarios en su lugar.El nuevo ministro de Defensa no tardó en opinar sobre el proceso electoral, apoyando la propuesta de Bolsonaro de utilizar boletas impresas, además de máquinas de votación, lo que facilitaría los recuentos. Brasil es uno de los pocos países que depende totalmente en las máquinas de votación electrónicas: 577.125.Aunque Bolsonaro y sus aliados admiten que carecen de pruebas de fraude en el pasado, señalan una serie de problemas: algunas irregularidades percibidas en los resultados de la votación, un hackeo en 2018 de las computadoras del tribunal electoral, que no tiene conexión con las máquinas de votación, y la desestimación general de las preocupaciones por parte de los funcionarios electorales.Una urna electrónica en la sede del tribunal electoral de Brasil el mes pasado, mientras los analistas probaban el sistema. Eraldo Peres/Associated PressDiego Aranha, un experto en computación brasileño que ha intentado hackear las máquinas con fines de investigación, dijo que la falta de copias de seguridad en papel dificulta la verificación de los resultados, pero que el sistema en general era seguro.El Supremo Tribunal Federal de Brasil rechazó finalmente el uso de boletas impresas, alegando problemas de privacidad.El año pasado, cuando los funcionarios electorales crearon la “comisión de transparencia electoral”, invitaron a formar parte de ella a un almirante con un título en computación. En su lugar, el ministro de Defensa de Brasil envió a un general que dirige el comando de defensa cibernética del ejército.El representante del ejército envió entonces cuatro cartas a los funcionarios electorales con preguntas detalladas sobre el proceso de votación, así como algunos cambios recomendados.Preguntó sobre los sellos de seguridad de las máquinas, el código informático que las sustenta y la tecnología biométrica utilizada para verificar a los votantes. Los funcionarios electorales dijeron el sábado que aceptarían algunas de las pequeñas recomendaciones técnicas y estudiarían otras para las próximas elecciones, pero que otras sugerencias no entendían el sistema.En medio de las idas y venidas, el expresidente del Tribunal Superior Electoral, Luís Roberto Barroso, dijo a los periodistas que los líderes militares estaban “siendo guiados para atacar el proceso electoral brasileño”, una afirmación que Nogueira, el ministro de Defensa, calificó de “irresponsable”.El tribunal electoral también invitó a funcionarios europeos a observar la elección, pero rescindió la invitación después de que el gobierno de Bolsonaro se opusiera. En su lugar, el partido político de Bolsonaro está tratando de que una empresa externa audite los sistemas de votación antes de las elecciones.Bolsonaro y Paulo Sérgio Nogueira, el ministro de Defensa, en una ceremonia el pasado agosto en Brasilia.Andressa Anholete/Getty ImagesFachin, quien ahora preside el tribunal electoral, dijo que Bolsonaro era bienvenido a realizar su propia revisión, pero añadió que los funcionarios ya han probado las máquinas. “Esto es más o menos como forzar la cerradura de una puerta abierta”, dijo.El gobierno de Joe Biden ha advertido a Bolsonaro que debe respetar el proceso democrático. El jueves, en la Cumbre de las Américas en Los Ángeles, el presidente Biden se reunió con Bolsonaro por primera vez. Sentado junto a Biden, Bolsonaro dijo que eventualmente dejaría el cargo de “una manera democrática”, añadiendo que las elecciones de octubre deben ser “limpias, confiables y auditables”.Scott Hamilton, el principal diplomático de Estados Unidos en Río de Janeiro hasta el año pasado, escribió en el periódico brasileño O Globo que la “intención de Bolsonaro es clara y peligrosa: socavar la fe del público y preparar el terreno para negarse a aceptar los resultados”.Bolsonaro insiste en que no está tratando de erosionar los cimientos democráticos de su país, sino que simplemente está asegurando una votación precisa.“¿Cómo quiero un golpe si ya soy presidente?”, dijo este mes. “En las repúblicas bananeras, vemos a los líderes conspirando para mantenerse en el poder, cooptando partes del gobierno para defraudar las elecciones. Aquí es exactamente lo contrario”.André Spigariol More

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    Cuatro conclusiones del segundo día de las audiencias del 6 de enero

    Los congresistas que investigan el asalto al Capitolio afirmaron que Trump no quiso escuchar las recomendaciones de sus colaboradores e insistió en declararse victorioso y decir que le robaron las elecciones, sin tener pruebas.El gran tema durante el segundo día de audiencias del comité que investiga los sucesos del 6 de enero fue que al expresidente Donald Trump se le dijo repetidamente, incluso su propio fiscal general se lo comentó, que su “gran mentira” sobre una elección fraudulenta no tenía fundamento. De todos modos hizo el reclamo falso en la noche de las elecciones y no ha parado desde entonces.Tal como lo hicieron durante la audiencia de apertura, los miembros del comité usaron testimonios en video de algunos de los amigos y asesores más cercanos de Trump, incluidos comentarios contundentes del exfiscal general William P. Barr, para demostrar que el exmandatario sabía que sus afirmaciones no tenían fundamento.Aquí presentamos otras conclusiones del segundo día de las audiencias.Trump fue descrito como alguien ‘distanciado de la realidad’, después de las eleccionesEl testimonio en video de Barr fue uno de los más convincentes de la mañana, y el exfiscal general describió a Trump como alguien que, en los días posteriores a las elecciones, estaba cada vez más “distanciado de la realidad”. En su testimonio, Barr dijo que en repetidas ocasiones le dijo al expresidente que sus afirmaciones de fraude eran infundadas, pero “nunca hubo indicios de que se interesara por los hechos reales”.La cruda descripción de la conducta del exmandatario es una pieza clave del argumento que el comité trata de formular: que Trump sabía que sus afirmaciones sobre una elección fraudulenta no eran ciertas pero, de todos modos, las dijo. Barr dijo que en las semanas posteriores a las elecciones, le dijo repetidamente “cuán locas eran algunas de estas acusaciones”.Read More on the Jan. 6 House Committee HearingsMaking a Case Against Trump: The committee appears to be laying out a road map for prosecutors to indict former President Donald J. Trump. But the path to any trial is uncertain.The Meaning of the Hearings: While the public sessions aren’t going to unite the country, they could significantly affect public opinion.An Unsettling Narrative: During the first hearing, the panel presented a gripping story with a sprawling cast of characters, but only three main players: Mr. Trump, the Proud Boys and a Capitol Police officer.Trump’s Depiction: Mr. Trump was portrayed as a would-be autocrat willing to shred the Constitution to hang onto power. Liz Cheney: The vice chairwoman of the House committee has been unrepentant in continuing to blame Mr. Trump for stoking the attack on Jan. 6, 2021.El comité argumenta que Trump fue un mentiroso consciente. Pero el testimonio de Barr ofrece otra posible explicación: que el expresidente llegó a creerse las mentiras que estaba diciendo.“Pensé que, si realmente creía en esas cosas, ya sabes, había perdido el contacto con, con… se había distanciado de la realidad, si realmente creía en esas cosas”, le dijo Barr al comité.Dos grupos rodeaban a Trump: ‘El equipo normal’ vs. ‘El equipo de Rudy’Uno de los aspectos que quedaron claros el lunes fue que había dos grupos de personas alrededor de Trump durante los días y semanas posteriores a las elecciones.Bill Stepien, el director de campaña de Trump, caracterizó a su grupo como “El equipo normal”, a diferencia del equipo dirigido por Rudy Giuliani, el abogado personal de Trump.Al ser un veterano político republicano, Stepien estuvo entre los asistentes de campaña, abogados, asesores de la Casa Blanca y otras personas que instaron a Trump para que abandonara sus afirmaciones infundadas de fraude. En cambio, el equipo de Giuliani impulsaba la paranoia del expresidente instándolo a respaldar las afirmaciones fantasiosas y sin fundamento sobre la recolección de votos, la supuesta manipulación de las máquinas de votación y otras denuncias. “Los llamábamos: mi equipo y el equipo de Rudy”, dijo Stepien a los investigadores del comité en las entrevistas. “No me importaba estar relacionado con ‘El equipo normal’”.Los miembros del comité esperan que la descripción de los dos grupos que competían por la atención de Trump evidencie que el expresidente tomó una decisión: escuchar al grupo dirigido por Giuliani en vez de atender las recomendaciones de las personas que dirigieron su campaña y trabajaron en su gestión. En palabras del “Equipo normal”, Trump decidió escuchar a los que decían argumentos “locos”.Lo que pasó durante la noche de las elecciones en la Casa BlancaLa audiencia del lunes comenzó con un vívido retrato de la noche de las elecciones en la Casa Blanca, describiendo la reacción del expresidente, y quienes lo rodeaban, cuando Fox News dijo que Joe Biden ganó en Arizona. Usando testimonios en video de los asesores más cercanos del exmandatario y algunos miembros de su familia, el comité mostró cómo Trump rechazó las advertencias que le dieron.Stepien dijo en un video que había instado al expresidente para que no declarara su victoria prematuramente, después de haberle explicado que era muy probable que los votos demócratas se contaran más tarde. Trump lo ignoró, según dijeron Stepien y otras personas. En cambio, escuchó a Rudy Giuliani, quien según sus asistentes estaba borracho esa noche, e instaba al expresidente para que se declarara victorioso y dijera que las elecciones estaban siendo robadas.Chris Stirewalt, el editor político de Fox News que fue despedido después de que su cadena declarara la victoria de Biden en Arizona, le dijo al comité que el cambio en los resultados de esa noche que provocó las afirmaciones del presidente sobre manipulación de votantes no fueron más que los resultados esperados de los votos demócratas que se contaron después de los republicanos. Y se mostró orgulloso de que su equipo haya sido el primero en calificar con precisión los resultados de Arizona y dijo que había “cero” posibilidades de que Trump hubiera ganado ese estado.El comité dice que se enviaron millones de dólares a un ‘Fondo de Defensa Electoral’ inexistenteNo fue solo la “gran mentira”, según el comité del 6 de enero. También fue “la gran estafa”.En una presentación de video que concluyó la segunda audiencia, el comité describió cómo Trump y sus asistentes de campaña utilizaron afirmaciones infundadas de fraude electoral para convencer a los partidarios del expresidente con el fin de que enviaran millones de dólares a algo llamado “Fondo de Defensa Electoral”. Según el comité, los partidarios de Trump donaron 100 millones de dólares en la primera semana después de las elecciones, aparentemente con la esperanza de que ese dinero ayudaría a su líder en la lucha para anular los resultados.Pero un investigador del comité dijo que no había evidencia de que ese fondo existiera. En cambio, millones de dólares fluyeron hacia un comité de acción política que el presidente estableció el 9 de noviembre, solo unos días después de las elecciones. Según el comité, esa instancia envió 1 millón de dólares a una fundación benéfica dirigida por Mark Meadows, el exjefe de gabinete de Trump, y otro millón a un grupo político dirigido por varios de sus exmiembros del personal, incluido Stephen Miller, el arquitecto de la agenda de inmigración de Trump.Zoe Lofgren, representante demócrata por California, resumió los descubrimientos de esta manera: “A lo largo de la investigación del comité, encontramos evidencia de que la campaña de Trump y sus colaboradores engañaron a los donantes sobre el destino de sus fondos y para qué se utilizarían”.Y agregó: “Así que no solo se trató de una gran mentira, también se hizo una gran estafa. Los donantes merecen saber adónde van realmente sus fondos. Se merecen algo mejor que lo que hizo el presidente Trump y su equipo”.Michael D. Shear es un corresponsal veterano de la Casa Blanca y dos veces ganador del Premio Pulitzer que también formó parte del equipo que ganó la Medalla de Servicio Público por la cobertura de la COVID-19 en 2020. Es coautor de Border Wars: Inside Trump’s Assault on Inmigración. @shearm More

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    How Bolsonaro Is Using the Military to Challenge Brazil’s Election

    Despite little evidence of past fraud, President Jair Bolsonaro has long raised doubts about Brazil’s electoral process. Now the military is expressing similar concerns.RIO DE JANEIRO — President Jair Bolsonaro of Brazil has for months consistently trailed in the polls ahead of the country’s crucial presidential race. And for months, he has consistently questioned its voting systems, warning that if he loses October’s election, it will most likely be thanks to a stolen vote.Those claims were largely regarded as talk. But now, Mr. Bolsonaro has enlisted a new ally in his fight against the electoral process: the nation’s military.The leaders of Brazil’s armed forces have suddenly begun raising similar doubts about the integrity of the elections, despite little evidence of past fraud, ratcheting up already high tensions over the stability of Latin America’s largest democracy and rattling a nation that suffered under a military dictatorship from 1964 to 1985.Military leaders have identified for election officials what they say are a number of vulnerabilities in the voting systems. They were given a spot on a transparency committee that election officials created to ease fears that Mr. Bolsonaro had stirred up about the vote. And Mr. Bolsonaro, a former army captain who filled his cabinet with generals, has suggested that on Election Day, the military should conduct its own parallel count.Mr. Bolsonaro, who has spoken fondly about the dictatorship, has also sought to make clear that the military answers to him.Election officials “invited the armed forces to participate in the electoral process,” Mr. Bolsonaro said recently, referring to the transparency committee. “Did they forget that the supreme chief of the armed forces is named Jair Messias Bolsonaro?”Almir Garnier Santos, the commander of the Brazilian Navy, told reporters last month that he backed Mr. Bolsonaro’s view. “The president of the republic is my boss, he is my commander, he has the right to say whatever he wants,” Mr. Garnier Santos said.With just over four months until one of the most consequential votes in Latin America in years, a high-stakes clash is forming. On one side, the president, some military leaders and many right-wing voters argue that the election is open to fraud. On the other, politicians, judges, foreign diplomats and journalists are ringing the alarm that Mr. Bolsonaro is setting the stage for an attempted coup.Mr. Bolsonaro has added to the tension, saying that his concerns about the election’s integrity may lead him to dispute the outcome. “A new class of thieves has emerged who want to steal our freedom,” he said in a speech this month. “If necessary, we will go to war.”Activists held a banner that read, “Dictatorship never again,” in Portuguese, during a rally in March in Brasília to protest what organizers said was an increase in human rights violations under Mr. Bolsonaro. Eraldo Peres/Associated PressEdson Fachin, a Supreme Court judge and Brazil’s top election official, said in an interview that claims of an unsafe election were unfounded and dangerous. “These problems are artificially created by those who want to destroy the Brazilian democracy,” he said. “What is at stake in Brazil is not just an electronic voting machine. What is at stake is maintaining democracy.”Mr. Bolsonaro and the military say they are only trying to safeguard the vote. “For the love of God, no one is engaging in undemocratic acts,” Mr. Bolsonaro said recently. “A clean, transparent, safe election is a matter of national security. No one wants to have doubts when the election is over.”Brazil’s Defense Ministry said in a statement that “the Brazilian armed forces act in strict obedience to the law and the Constitution, and are directed to defend the homeland, guarantee the constitutional powers and, through any of these, of law and order.”Mr. Bolsonaro’s tactics appear to be adopted from former President Donald J. Trump’s playbook, and Mr. Trump and his allies have worked to support Mr. Bolsonaro’s fraud claims. The two men reflect a broader democratic backsliding unfolding across the world.The riot last year at the U.S. Capitol has shown that peaceful transfers of power are no longer guaranteed even in mature democracies. In Brazil, where democratic institutions are far younger, the military’s involvement in the election is heightening fears.Mr. Garnier Santos told the Brazilian newspaper O Povo that “as a navy commander, I want Brazilians to be sure that their vote will count,” adding, “The more auditing, the better for Brazil.”A Brazilian federal police report detailed how two generals in Mr. Bolsonaro’s cabinet, including his national security adviser, had tried for years to help him uncover evidence of election fraud.And on Friday, Brazil’s defense minister, Paulo Sérgio Nogueira, sent a 21-point missive to election officials, criticizing them as not taking the military’s points about election safety seriously. “The armed forces don’t feel properly acknowledged,” he said.So far, Mr. Bolsonaro’s comments have gone further. In April, he repeated a falsehood that officials count votes in a “secret room.” He then suggested that voting data should be fed to a room “where the armed forces also have a computer to count the votes.” The military has not publicly commented on this idea.Since the military’s support could be critical for a coup, a popular question in political circles has become: If Mr. Bolsonaro disputed the election, how would the 340,000 members of the armed forces react?Mr. Bolsonaro and President Donald J. Trump in 2020 at Mr. Trump’s Mar-a-Lago resort in Palm Beach, Fla. The men are close allies who have both questioned their country’s elections.T.J. Kirkpatrick for The New York Times“In the U.S., the military and the police respected the law, they defended the Constitution,” said Mauricio Santoro, a professor of international relations at the State University of Rio de Janeiro, referring to Mr. Trump’s claims of a stolen election. “I’m not sure the same thing will happen here.”Military officials and many politicians dispute any notion that the military would back a coup. “He would fall. He wouldn’t have any support,” said Maynard Santa Rosa, a Brazilian Army general for 49 years who served in Mr. Bolsonaro’s cabinet. “And I think he knows it.”Sérgio Etchegoyen, a retired army general close to the military’s current leaders, called concerns about a coup alarmist. “We might think it’s bad that the president questions the ballots,” he said. “But it’s much worse if every five minutes we think the democracy is at risk.”Some American officials are more concerned about the roughly half-million police officers across Brazil because they are generally less professional and more supportive of Mr. Bolsonaro than the military, according to a State Department official who spoke on the condition of anonymity to discuss private conversations.Any claim of a stolen election could face a skeptical public unless the race tightens. A survey of 2,556 Brazilians in late May showed that 48 percent supported former President Luiz Inácio Lula da Silva, compared with 27 percent for Mr. Bolsonaro. (If no candidate captures half of the vote, the top two finishers will go to a runoff on Oct. 30.)That same poll showed that 24 percent of respondents did not trust Brazil’s voting machines, up from 17 percent in March. Fifty-five percent of respondents said they believed the election was vulnerable to fraud, including 81 percent of Mr. Bolsonaro’s supporters.In the 37 years of Brazil’s modern democracy, no president has been as close to the military as Mr. Bolsonaro, a former army paratrooper.As a congressman, he hung portraits of the leaders of the military dictatorship in his office. As president, he has tripled the number of military personnel in civilian posts in the federal government to nearly 1,100. His vice president is also a former general.Last year, as he intensified his critiques of the electoral system, he dismissed the defense minister and the top three military commanders, installing loyalists in their places.The new defense minister quickly weighed in on the electoral process, backing Mr. Bolsonaro’s push to use printed ballots in addition to voting machines, which would make recounts easier. Brazil is one of the few countries to rely entirely on electronic voting machines — 577,125 of them.While Mr. Bolsonaro and his allies admit that they lack proof of past fraud, they point to a number of problems: some perceived irregularities in voting returns; a 2018 hack of the electoral court’s computers, which do not connect to the voting machines; and election officials’ general dismissal of concerns.An electronic voting machine at the headquarters of Brazil’s electoral court last month as analysts tested the system.Eraldo Peres/Associated PressDiego Aranha, a Brazilian computer scientist who has tried to hack the machines for research, said that the lack of paper backups makes it harder to verify results, but that the system overall was safe.Brazil’s Supreme Court ultimately rejected the use of printed ballots, citing privacy concerns.Last year, when election officials created the “election transparency commission,” they invited an admiral with a computer science degree to join. Brazil’s defense minister instead sent a general who directs the army cybercommand.The army representative sent four letters to election officials with detailed questions about the voting process, as well as some recommended changes.He asked about the machines’ tamper-proof seals, the computer code that underpins them and the biometric technology used to verify voters. Election officials said on Saturday that they would accept some of the small technical recommendations and study others for the next election but that other suggestions misunderstood the system.Amid the back-and-forth, the former head of the electoral court, Luís Roberto Barroso, told reporters that military leaders were “being guided to attack the Brazilian electoral process,” an assertion that Mr. Nogueira, the defense minister, called “irresponsible.” The electoral court also invited European officials to observe the election, but rescinded the invitation after the Bolsonaro administration objected. Instead, Mr. Bolsonaro’s political party is trying to have an outside company audit the voting systems before the election.Mr. Bolsonaro and Paulo Sérgio Nogueira, the defense minister and the commander of the Brazilian Army, at a ceremony last August in Brasília.Andressa Anholete/Getty ImagesMr. Fachin, who now runs the electoral court, said Mr. Bolsonaro was welcome to conduct his own review but added that officials already test the machines. “This is more or less like picking the lock on an open door,” he said.The Biden administration has warned Mr. Bolsonaro to respect the democratic process. On Thursday, at the Summit of the Americas in Los Angeles, President Biden met with Mr. Bolsonaro for the first time. Sitting next to Mr. Biden, Mr. Bolsonaro said he would eventually leave office in “a democratic way,” adding that October’s election must be “clean, reliable and auditable.”Scott Hamilton, the United States’ top diplomat in Rio de Janeiro until last year, wrote in the Brazilian newspaper O Globo that Mr. Bolsonaro’s “intent is clear and dangerous: undermine the public’s faith and set the stage for refusing to accept the results.”Mr. Bolsonaro insists that he is simply trying to ensure an accurate vote.“How do I want a coup if I’m already president?” he asked last month. “In Banana Republics, we see leaders conspiring to stay in power, co-opting parts of the government to defraud elections. Here it’s exactly the opposite.”André Spigariol More

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    El comité sobre el ataque al Capitolio muestra a Trump como un aspirante a autócrata

    Según el comité que investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero, Donald Trump llevó a cabo una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa.Es muy probable que en los 246 años de historia de Estados Unidos nunca se haya hecho una acusación más comprometedora contra un presidente estadounidense que la presentada el jueves por la noche en una sala de audiencias cavernosa del Congreso, donde el futuro de la democracia parecía estar en juego.A otros mandatarios se les ha acusado de actuar mal, incluso de cometer delitos e infracciones, pero el caso en contra de Donald Trump formulado por la comisión bipartidista de la Cámara de Representantes que investiga el ataque al Capitolio del 6 de enero de 2021 no solo describe a un presidente deshonesto, sino a un aspirante a autócrata dispuesto a violar la Constitución para aferrarse al poder a toda costa.Como lo describió la comisión durante su audiencia televisada, a la hora de mayor audiencia, Trump ejecutó una conspiración en siete partes para anular una elección democrática libre y justa. Según el panel, le mintió al pueblo estadounidense, ignoró todas las pruebas que refutaban sus falsas denuncias de fraude, presionó a los funcionarios estatales y federales para que anularan los resultados de las elecciones que favorecían a su contrincante, alentó a una turba violenta a atacar el Capitolio e incluso señaló su apoyo a la ejecución de su propio vicepresidente.“El 6 de enero fue la culminación de un intento de golpe de Estado, un intento descarado, como dijo uno de los alborotadores poco después del 6 de enero, de derrocar al gobierno”, dijo el representante demócrata por Misisipi, Bennie Thompson, presidente de la comisión especial. “La violencia no fue un accidente. Representa la última oportunidad de Trump, la más desesperada, para detener la transferencia de poder”.Representatives Bennie Thompson, Democrat of Mississippi, and Liz Cheney, Republican of Wyoming, led the first hearing on the attack on the Capitol on Jan. 6, 2021, which included testimony from a Capitol police officer and a documentary filmmaker.Kenny Holston for The New York TimesLas palabras de los propios asesores y personajes nombrados por Trump fueron las más incriminatorias. Se proyectaron en video en una pantalla gigante sobre el estrado de la comisión y se transmitieron a una audiencia de televisión nacional. Se pudo ver cómo su propio fiscal general le dijo a Trump que sus denuncias de una elección falsa eran “patrañas”. Su abogado de campaña testificó que no había suficientes pruebas de fraude para cambiar el resultado. Hasta su propia hija, Ivanka Trump, reconoció haber aceptado la conclusión de que la elección no fue robada, como su padre seguía afirmando.Read More on the Jan. 6 House Committee HearingsThe Meaning of the Hearings: While the public sessions aren’t going to unite the country, they could significantly affect public opinion.An Unsettling Narrative: During the first hearing, the House panel presented a gripping story with a sprawling cast of characters, but only three main players: Donald Trump, the Proud Boys and a Capitol Police officer.Trump’s Depiction: Former president Donald J. Trump was portrayed as a would-be autocrat willing to shred the Constitution to hang onto power. Liz Cheney: The vice chairwoman of the House committee has been unrepentant in continuing to blame Mr. Trump for stoking the attack on Jan. 6, 2021.Buena parte de las pruebas fueron presentadas por la principal figura republicana en la comisión, la representante por Wyoming Liz Cheney, quien ha sido condenada al ostracismo por Trump y por buena parte de su partido por condenar una y otra vez las acciones del entonces presidente después de la elección. Cheney planteó con firmeza el caso y luego se dirigió a sus compañeros republicanos que han optado por apoyar a su derrotado expresidente y justificar sus acciones.“A mis colegas republicanos que defienden lo indefendible les digo: llegará el día en el que Donald Trump se haya ido, pero el deshonor de ustedes permanecerá”, declaró.Muchos de los detalles ya se habían dado a conocer y muchas interrogantes sobre las acciones de Trump quedaron sin respuesta por ahora, pero Cheney resumió los hallazgos de la comisión de una forma implacable y acusadora.Un grupo de personas en Washington que se reunió para ver la audiencia, escuchaba a la representante Liz Cheney, republicana por Wyoming.Shuran Huang para The New York TimesAlgunas de las nuevas revelaciones y las confirmaciones de las noticias recientes fueron suficientes para provocar exclamaciones de asombro en el recinto y, tal vez, en las salas de todo el país. Se informó que luego de que se le dijo que la multitud del 6 de enero coreaba “Cuelguen a Mike Pence”, el vicepresidente que desafió las presiones del presidente para bloquear la transferencia de poder, Trump respondió: “Quizá nuestros seguidores tengan la idea correcta”. Mike Pence, agregó, “se lo merece”.Cheney, vicepresidenta del panel, informó que en la víspera del ataque del 6 de enero, miembros del propio gabinete de Trump hablaron de invocar la Vigésima Quinta Enmienda para destituir al entonces presidente del cargo. Reveló que el representante por Pensilvania Scott Perry y “otros congresistas republicanos” que habían participado en el intento de anular la elección buscaron obtener indultos de Trump durante sus últimos días en el cargo.Cheney reprodujo un video en el que se veía a Jared Kushner, yerno del exmandatario y asesor principal que después de la elección se ausentó en lugar de enfrentar a los teóricos de la conspiración que incitaban a Trump, desechar con displicencia las amenazas de Pat A. Cipollone, consejero de la Casa Blanca, y otros abogados de presentar su renuncia en señal de protesta. “Me pareció que solo eran lloriqueos, para ser sincero”, declaró Kushner.También la vicepresidenta del comité señaló que mientras Pence tomó medidas reiteradas para buscar asistencia y detener a la turba el 6 de enero, el presidente no hizo tal esfuerzo. En cambio, su jefe de gabinete de la Casa Blanca, Mark Meadows, trató de convencer al general Mark A. Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto, de fingir que Trump estaba activamente involucrado.“Dijo: ‘Tenemos que eliminar el relato de que el vicepresidente está tomando todas las decisiones’”, dijo el general Milley en un testimonio grabado en video. “‘Necesitamos imponer la versión de que el presidente todavía está a cargo, y que las cosas están firmes o estables’, o palabras en ese sentido. Inmediatamente interpreté eso como política, política, política”.Trump no tuvo aliados en la comisión de nueve integrantes de la Cámara de Representantes y él y sus seguidores rechazaron el trabajo del panel con el argumento de que es un intento partidista para desprestigiarlo. En Fox News, que optó por no transmitir la audiencia, Sean Hannity se esmeraba por cambiar el tema y atacó a la comisión por no centrarse en las violaciones de seguridad del Capitolio, de las que culpa principalmente a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, aunque el senador por Kentucky Mitch McConnell, entonces líder de la mayoría republicana, compartía con ella el control del edificio en ese momento.Antes de la audiencia, Trump trató una vez más de reescribir la historia al presentar el ataque al Capitolio como una manifestación legítima de agravio público contra unas elecciones robadas. “El 6 de enero no fue solo una protesta, sino que representó el mayor movimiento en la historia de nuestro país para hacer a Estados Unidos grandioso de nuevo”, escribió en su nuevo sitio de redes sociales.El panel reprodujo un video de Ivanka Trump, la hija de Trump y exasesora de la Casa Blanca, testificando a puerta cerrada.Kenny Holston para The New York TimesTrump no es el primer presidente que ha sido señalado por mala conducta, infracción de la ley o incluso violación de la Constitución. Andrew Johnson y Bill Clinton fueron acusados ​​por la Cámara de Representantes, aunque absueltos por el Senado. John Tyler se puso del lado de la Confederación durante la Guerra de Secesión. Richard M. Nixon renunció bajo amenaza de juicio político por abusar de su poder para encubrir actividades corruptas de campaña. Warren G. Harding tuvo el escándalo del Teapot Dome y Ronald Reagan el caso Irán-Contras.Pero los delitos alegados en la mayoría de esos casos palidecen en comparación con las acusaciones contra Trump, y aunque Tyler se puso en contra del país que una vez dirigió, murió antes de que pudiera rendir cuentas. Nixon enfrentó audiencias durante Watergate no muy diferentes a las que comenzaron el jueves por la noche y estuvo involucrado en otros escándalos más allá del robo que finalmente derivó en su salida. Pero la deshonestidad flagrante y la incitación a la violencia expuestas el jueves eclipsaron incluso sus fechorías, según diversos académicos.Trump, por supuesto, ya fue impugnado en dos ocasiones y absuelto otras dos, la segunda por su involucramiento en el ataque del 6 de enero. Pero, aun así, el caso en su contra ahora es mucho más amplio y expansivo, después de que la comisión llevó a cabo unas 1000 entrevistas y obtuvo más de 100.000 páginas de documentos.Lo que el comité intentaba demostrar era que no se trataba de un presidente con preocupaciones razonables sobre el fraude o una protesta que se salió de control. En cambio, el panel estaba tratando de obtener las pruebas de que Trump formó parte de una conspiración criminal contra la democracia; que sabía que no había un fraude generalizado porque su propio entorno se lo dijo, que, de manera intencional, convocó a una turba para que detuviera la entrega del poder a Joseph R. Biden Jr. y se quedó cruzado de brazos sin hacer casi nada cuando el ataque comenzó.Aún no sabemos si el panel puede cambiar las opiniones públicas sobre esos acontecimientos, pero muchos estrategas y analistas políticos piensan que es poco probable. Con medios más fragmentados y una sociedad más polarizada, la mayoría de los estadounidenses ya tienen una opinión sobre el 6 de enero y solo escuchan a quienes la comparten.Sin embargo, había otro espectador de las audiencias, el fiscal general Merrick B. Garland. Si la comisión estaba exponiendo lo que consideraba una acusación formal contra el expresidente, parecía estar invitando al Departamento de Justicia a seguir el caso de verdad con un gran jurado y en un tribunal de justicia.Al adelantar la historia que se contará en las próximas semanas, Cheney casi le escribió el guion a Garland. La representante dijo: “Van a escuchar sobre complots para cometer conspiración sediciosa el 6 de enero, un delito definido en nuestras leyes como conspirar para derrocar, destituir o destruir por la fuerza el gobierno de Estados Unidos u oponerse por la fuerza a la autoridad del mismo”.Pero si Garland no está de acuerdo y las audiencias de este mes resultan ser el único juicio al que se enfrente Trump por sus esfuerzos para anular las elecciones, Cheney y sus compañeros de la comisión estaban decididos a asegurarse de que, al menos, sea condenado por el jurado de la historia.Peter Baker es el corresponsal jefe de la Casa Blanca y ha cubierto a los últimos cinco presidentes para el Times y The Washington Post. También es autor de seis libros, el más reciente The Man Who Ran Washington: The Life and Times of James A. Baker III. @peterbakernyt • Facebook More

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    Trump Is Depicted as a Would-Be Autocrat Seeking to Hang Onto Power at All Costs

    As the Jan. 6 committee outlined during its prime-time hearing, Donald J. Trump executed a seven-part conspiracy to overturn a free and fair democratic election.In the entire 246-year history of the United States, there was surely never a more damning indictment presented against an American president than outlined on Thursday night in a cavernous congressional hearing room where the future of democracy felt on the line.Other presidents have been accused of wrongdoing, even high crimes and misdemeanors, but the case against Donald J. Trump mounted by the bipartisan House committee investigating the Jan. 6, 2021, attack on the Capitol described not just a rogue president but a would-be autocrat willing to shred the Constitution to hang onto power at all costs.As the committee portrayed it during its prime-time televised hearing, Mr. Trump executed a seven-part conspiracy to overturn a free and fair democratic election. According to the panel, he lied to the American people, ignored all evidence refuting his false fraud claims, pressured state and federal officials to throw out election results favoring his challenger, encouraged a violent mob to storm the Capitol and even signaled support for the execution of his own vice president.“Jan. 6 was the culmination of an attempted coup, a brazen attempt, as one rioter put it shortly after Jan. 6, to overthrow the government,” said Representative Bennie Thompson, Democrat of Mississippi and the chairman of the select committee. “The violence was no accident. It represents Trump’s last stand, most desperate chance to halt the transfer of power.”Representatives Bennie Thompson, Democrat of Mississippi, and Liz Cheney, Republican of Wyoming, led the first hearing on the attack on the Capitol on Jan. 6, 2021, which included testimony from a Capitol police officer and a documentary filmmaker.Kenny Holston for The New York TimesMost incriminating were the words of Mr. Trump’s own advisers and appointees, played over video on a giant screen above the committee dais and beamed out to a national television audience. There was his own attorney general who told him that his false election claims were “bullshit.” There was his own campaign lawyer who testified that there was no evidence of fraud sufficient to change the outcome. And there was his own daughter, Ivanka Trump, who acknowledged that she accepted the conclusion that the election was not, in fact, stolen as her father kept claiming.Much of the evidence was outlined by the lead Republican on the committee, Representative Liz Cheney of Wyoming, who has been ostracized by Mr. Trump and much of her own party for consistently denouncing his actions after the election. Unwavering, she sketched out the case and then addressed her fellow Republicans who have chosen to stand by their defeated former president and excuse his actions.Read More on the Jan. 6 House Committee HearingsThe Meaning of the Hearings: While the public sessions aren’t going to unite the country, they could significantly affect public opinion.An Unsettling Narrative: During the first hearing, the House panel presented a gripping story with a sprawling cast of characters, but only three main players: Donald Trump, the Proud Boys and a Capitol Police officer.Trump’s Depiction: Former president Donald J. Trump was portrayed as a would-be autocrat willing to shred the Constitution to hang onto power. Jared Kushner and Ivanka Trump: In videos shown during the hearing, Mr.Trump’s daughter and son-in-law were stripped of their carefully managed images.“I say this to my Republican colleagues who are defending the indefensible: There will come a day when Donald Trump is gone but your dishonor will remain,” she said.Many of the details were previously reported, and many questions about Mr. Trump’s actions were left unanswered for now, but Ms. Cheney pulled together the committee’s central findings in relentless, prosecutorial fashion.People at a viewing party in Washington watching Representative Liz Cheney, Republican of Wyoming, speak during the hearing.Shuran Huang for The New York TimesSome of the new revelations and the confirmations of recent news reports were enough to prompt gasps in the room and, perhaps, in living rooms across the country. Told that the crowd on Jan. 6 was chanting “Hang Mike Pence,” the vice president who defied the president’s pressure to single-handedly block the transfer of power, Mr. Trump was quoted responding, “Maybe our supporters have the right idea.” Mike Pence, he added, “deserves it.”Ms. Cheney, the panel’s vice chairwoman, reported that in the wake of the Jan. 6 attack, members of Mr. Trump’s own cabinet discussed invoking the 25th Amendment to remove the president from office. She disclosed that Representative Scott Perry of Pennsylvania and “multiple other Republican congressmen” involved in trying to overturn the election sought pardons from Mr. Trump in his final days in office.She played a video clip of Jared Kushner, the president’s son-in-law and senior adviser who absented himself after the election rather than fight the conspiracy theorists egging on Mr. Trump, cavalierly dismissing threats by Pat A. Cipollone, the White House counsel, and other lawyers to resign in protest. “I took it up to just be whining, to be honest with you,” Mr. Kushner testified.And she noted that while Mr. Pence repeatedly took action to summon help to stop the mob on Jan. 6, the president himself made no such effort. Instead, his White House chief of staff, Mark Meadows, tried to convince Gen. Mark A. Milley, the chairman of the Joint Chiefs of Staff, to pretend that Mr. Trump was actively involved.“He said, ‘We have to kill the narrative that the vice president is making all the decisions,’” General Milley said in videotaped testimony. “‘We need to establish the narrative that the president is still in charge, and that things are steady or stable,’ or words to that effect. I immediately interpreted that as politics, politics, politics.”Mr. Trump had no allies on the nine-member House committee, and he and his supporters have dismissed the panel’s work as a partisan smear attempt. On Fox News, which opted not to show the hearing, Sean Hannity was busy changing the subject, attacking the committee for not focusing on the breakdown in security at the Capitol, which he mainly blamed on Speaker Nancy Pelosi even though Senator Mitch McConnell of Kentucky, then the Republican majority leader, shared control of the building with her at the time.Before the hearing, Mr. Trump tried again to rewrite history by casting the attack on the Capitol as a legitimate manifestation of public grievance against a stolen election. “January 6th was not simply a protest, it represented the greatest movement in the history of our Country to Make America Great Again,” he wrote on his new social media site.The panel played a video of Ivanka Trump, Mr. Trump’s daughter and former White House adviser, testifying behind closed doors.Kenny Holston for The New York TimesMr. Trump is hardly the first president reproached for misconduct, lawbreaking or even violating the Constitution. Andrew Johnson and Bill Clinton were both impeached by the House, although acquitted by the Senate. John Tyler sided with the Confederacy during the Civil War. Richard M. Nixon resigned under the threat of impeachment for abusing his power to cover up corrupt campaign activities. Warren G. Harding had the Teapot Dome scandal and Ronald Reagan the Iran-contra affair.But the crimes alleged in most of those cases paled in comparison to what Mr. Trump is accused of, and while Mr. Tyler turned on the country he once led, he died before he could be held accountable. Mr. Nixon faced hearings during Watergate not unlike those that began on Thursday night and was involved in other scandals beyond the burglary that ultimately resulted in his downfall. But the brazen dishonesty and incitement of violence put on display on Thursday eclipsed even his misdeeds, according to many scholars.Mr. Trump, of course, was impeached twice already, and acquitted twice, the second time for his role in the Jan. 6 attack. But even so, the case against him now is far more extensive and expansive, after the committee conducted some 1,000 interviews and obtained more than 100,000 pages of documents.What the committee was trying to prove was that this was not a president with reasonable concerns about fraud or a protest that got out of control. Instead, the panel was trying to build the case that Mr. Trump was involved in a criminal conspiracy against democracy — that he knew there was no widespread fraud because his own people told him, that he intentionally summoned a mob to stop the transfer of power to Joseph R. Biden Jr. and that he sat by and did virtually nothing once the attack commenced.Whether the panel can change public views of those events remains unclear, but many political strategists and analysts consider it unlikely. With a more fragmented media and a more polarized society, most Americans have decided what they think about Jan. 6 and are only listening to those who share their attitudes. Still, there was another audience for the hearings as they got underway, and that was Attorney General Merrick B. Garland. If the committee was laying out what it considered an indictment against the former president, it seemed to be inviting the Justice Department to pursue the real kind in a grand jury and court of law.As she previewed the story that will be told in the weeks to come, Ms. Cheney all but wrote the script for Mr. Garland. “You will hear about plots to commit seditious conspiracy on Jan. 6,” she said, “a crime defined in our laws as conspiring to overthrow, put down or destroy by force the government of the United States or to oppose by force the authority thereof.”But if Mr. Garland disagrees and the hearings this month turn out to be the only trial Mr. Trump ever faces for his efforts to overturn the election, Ms. Cheney and her fellow committee members were resolved to make sure that they will at least win a conviction with the jury of history. More